Somos dependientes, todos. Dependemos de nuestros padres al nacer y de nuestros hijos al envejecer. Y dependemos de nuestras parejas. Y también somos autónomos. Capaces a partir de cierta edad de lograr nuestro propio sustento, de mantener a nuestra prole e incluso de pelear por nuestras vidas. 

Pero todos conocemos a personas, incluso puede que seamos una de ellas, que tienen patrones de dependencia poco funcionales. O bien requieren de la presencia del otro para todo, se definen y viven por y para el otro, o bien actúan como tiranos, o rechazan cualquier tipo de intimidad. Esos son las personas con Dependencia Interpersonal Patológica.

¿Cuál sería una dependencia sana?

Aquella en la que los sujetos tienen capacidad para autorregularse, pero al mismo tiempo son capaces de beneficiarse de la existencia del otro para corregularse. Aquella en la que, en una pareja, haya un implicación similar en ambos, equilibrada, horizontal. Aquella que permita un equilibrio entre la intimidad y la autonomía adecuados. Aquella en la que podamos decir "me gusta estar contigo, pero puedo estar sin tí", aquella en la que me siento seguro pero no temo la ausencia.

¿Cómo son los sujetos con dependencia interpersonal patológica?

Que sí, que ya se que el reggaeton no es un género musical que se caracterize por dejar muy bien a las mujeres. Pero eso, a veces se nota más y otras menos. Desafortunadamente lo habitual es que no hagamos mucho caso a las letras de las piezas que bailamos y, reconozcámoslo, el reggaetón es fácil de bailar (especialmente porque si sabes bailar una, las bailas todas), supone una fuerte descarga de energía y nos hace sentir atractivos con unos cuantos golpes de cadera. Y todo eso está muy bien.

El problema es que con ese ritmito vamos comulgando con piedras de molino con expresiones que no admitiríamos en otros contextos. Y esta canción no se salva de esto. 

Parece que comienza muy bien... y sin embargo podría interpretarse como un acoso (sabes que ya llevo un rato mirándote), un lenguaje intolerablemente autoritario (si te pido un beso ven, dámelo) y desde luego nos deja en un lugar bastante poco deseable.

En fin, os dejo el vídeo, por si no lo habéis visto ya. Y si: ¡Bailad, bailad, malditos, pero tambien escuchad!

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Dra. Ruth Arenas Mata en Doctoralia

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