AYUDAR A LOS QUE AYUDAN

Ayudar a los que ayudan

Una furgoneta...

Una furgoneta que hace que todo cambie. Escenas de dolor, incomprensión. Todo un país remueve su escala de valores. Comienza a palparse el odio. 

Tras ataques terroristas como el que acabamos de sufrir toda la población se encuentra desubicada. Vemos la muerte más cerca de lo que pensábamos. Nos damos cuenta de lo leve que es nuestra existencia, de lo frágil que es la presencia de aquellos que queremos, de lo rápido que un elemento que escapa de nuestro control puede hacer que toda nuestra vida cambie.

Y eso mientras estamos viéndolo en una pantalla, desde la seguridad de nuestros sofás.

Personas invisibles

Pero hay ahí personas invisibles para todos, que están porque el sistema está medianamente bien engranado. Personas que llevan un uniforme. Que ya saben lo cerca que está la muerte. Que portan un arma, o un fonendo, para intentar que la guadaña no roce a nadie más. 

Mientras todos nos recuperamos, ellos tienen que seguir viendo la muerte de cerca. Mientras algunos lloran a cientos de kilómetros, ellos se quitan guantes de látex empapados en sangre... todos los días. 

Entendemos bien que cualquier persona quede traumatizada por una situación como esta y reciba la atención de los especialistas de Salud Mental pero... a las Fuerzas de Orden Público y a los profesionales sanitarios se les presume el valor, como a los legionarios. 

 

Sufrimiento invisible

Pensamos que deben estar preparados, tal vez por alguna fuerza sobrehumana, para superar airosamente todas las situaciones de estrés agudo a las que se ven enfrentadas. De hecho, muchas veces son los mismos profesionales los que, en el cumplimiento de su deber y por el exceso de responsabilidad, no valoran adecuadamente el daño emocional crónico que van sufriendo. Pueden temer ser tachados de "blandos".

Difícilmente se les reconocerá una patología psíquica como enfermedad profesional, aunque sea consecuencia de la vivencia crónica de situaciones adversas y de gran intensidad. 

Y es que, aunque los síntomas del TRASTORNO POR ESTRÉS POST TRAUMÁTICO son bien conocidos, este no siempre aparece inmediatamente después de un evento (puede ocurrir más de 6 meses después del evento traumático). Además, aunque parezca no haber síntomas después de una situación de riesgo vital, una situación posterior, incluso de menor intensidad, puede reactivar el trauma inicial.

Por último, no siempre los síntomas son claramente referidos al evento traumático. Los síntomas clásicos de un trastorno por estrés post traumático incluyen la evitación de situaciones que recuerden al evento, la aparición de Flashbacks y clínica asociada a ellos (palpitaciones, sudoración, ansiedad, temblor...), pesadillas...Pero también pueden ocurrir cambios en el comportamiento que se aprecien más en el entorno familiar, trastornos del ánimo con tristeza, cansancio y desesperanza, insomnio, irritabilidad e incluso sintomatología disociativa con episodios de amnesia, desorientación, sensación de despersonalización y desrealización...

En definitiva, un abanico de síntomas que no siempre son fácilmente asociables a los eventos traumáticos y que el sujeto puede tratar de "esconder" para no mostrar debilidades o como simple mecanismo de negación. (Niego el problema hasta que desaparezca)

Es necesario, por tanto, que el profesional  de salud mental que atienda a estas personas explore los eventos traumáticos vividos, cómo le han afectado y qué cambios se han producido tras ellos. Y que sepa desculpabilizar al paciente (las personas  hiper-responsables frecuentemente se culpan por sentirse mal) y mostrarle que hay opciones de mejora.Si es necesario, deben recibir la atención de un psiquiatra sin temor a ser estigmatizados.

Si como población queremos mantener un cuerpo de policías, bomberos, guardias civiles, médicos y enfermeros eficientes, debemos cuidar su salud mental. Y si como humanos tenemos algo de empatía, debemos reconocer su esfuerzo, su sufrimiento por encima de otros sectores laborales, su responsabilidad y el riesgo que asumen, no solamente físico sino TAMBIÉN PSICOLÓGICO

 

Recuerdos de batalla

Recuerdo un día en urgencias. Entró un niño... destrozado. Con un sangrado arterial pulsante que se proyectaba fuera de la camilla, pérdida de tejido... unos 7 años. 5 compañeros, 3 mujeres y 2 hombres, se arrojaron sobre la camilla. En un instante taponaban la herida, aseguraban la vía aérea, comenzaron reanimacíón,  trataban de meter suero en unas venas colapsadas, y corrieron a quirófano con él en una carrera contra la muerte. Al entrar en quirófano se miraron, se quitaron los guantes, lloraron abrazados. Al menos 3 de ellos tenían hijos como aquel. Se limpiaron, se secaron las lágrimas y mientras por el pasillo se escuchaban los gritos de desesperación de los familiares de aquel niño, siguieron atendiendo a los enfermos durante 8 horas más. Ninguno de ellos se fue a su casa a abrazar a sus hijos esa noche hasta que acabó su turno. 

Y eso... eso tiene que pasar factura. 

 

 

 

Etiquetas: depresión, policía, bomberos guardia civil trastorno estrés post traumático estrés muerte

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